LA VERDAD DE LA RECONCILIACION. Sobre la Comision de la verdad.

Cesar Edmundo Manrique Zegarra

La Comisión de la Verdad y Reconciliación ha identificado las causas y responsabilidades por la hecatombe de las dos últimas décadas del Siglo pasado. La demencia de Sendero Luminoso en primer lugar y en segundo la indolencia e ineptitud generalizada de los sucesivos Gobernantes, Fuerzas Armadas y Policiales, Poderes del Estado, Partidos Políticos, Medios de Comunicación, la Iglesia y toda la sociedad nacional. En las 171° conclusiones del Informe Final no hay ni una sola frase que señale la responsabilidad que por los terribles sucesos cabe a la elite intelectual peruana. No hay un mea culpa. Alguna responsabilidad tiene la selecta minoría nacional depositaria de la Ciencia, la Cultura y el Conocimiento, natural rectora de nuestros destinos. ¿Entre las causas del conflicto no estará el desconocimiento de los fenómenos sociales y problemas nacionales así como la carencia de propuestas para resolverlos en forma tal que se logre satisfacer todas las necesidades de la sociedad?. ¿No es misión primordial de los intelectuales crear conocimiento socialmente valioso y eficiente para dirigir y orientar la vida de la Nación conduciéndola hacia el desarrollo y bienestar en base al adecuado uso de los recursos materiales y humanos que no son pocos?, ¿No hay culpa por la ignorancia de lo que se debe saber?.
La detallada lectura del larguísimo informe –que hice cuando dirigía el Centro de Investigaciones del Poder Judicial- me trajo la sensación de que hay cierta incapacidad para reconocer la propia responsabilidad o para alcanza a comprenderla, y tal vez por eso no se conoce el espejo de la culpa, ni el propósito de enmienda o afán de rectificación. Está a nuestra disposición el inmenso caudal de conocimientos acumulados en los últimos cuatro siglos por la ciencia de occidente. El conocimiento es un instrumento adecuado para comprender nuestro entorno y utilizarlo a fin de alcanzar el bienestar general. ¿La universidad, y con ella la intelectualidad peruana hace uso de ese instrumento?, ¿Se promueve la investigación a fin de crear conocimiento, -no me refiero a la investigación libresca sobre textos- sino a la que tiene que ver con el uso de recursos escasos o abundantes y los problemas que su disfrute ocasiona?. Me asalta la terrible certeza de que para la selecta minoría nacional usufructuaria de los bienes del intelecto, el conocimiento es el conjunto de conclusiones alcanzadas en los institutos de investigación de las universidades extranjeras difundidas en los foros internacionales y está íntegramente contenido en libros correctamente catalogados de pulidas bibliotecas, cuyas conclusiones exponen brillante e inútilmente en las aulas. Es un anacronismo sorprendente y desalentador.
Para los teólogos de la edad media el conocimiento estaba contenido en los libros sagrados y en los textos de Aristóteles y allí había que encontrar la explicación a los sucesos del mundo. Los empiristas y racionalistas del Siglo XVII pusieron en tela de juicio esa visión y asentaron las bases para el desarrollo de la ciencia y la sociedad moderna. Descartes, quien vivió en tiempos asaz intolerantes, en el Discurso del Método, señalaba que "la lectura de los buenos libros es como una conversación con los hombres más selectos de los siglos pasados, e incluso una conversación estudiada, donde no nos descubren sino sus mejores pensamientos" y recomendaba su estudio, pero ante la gran variedad de puntos de vista, opiniones contradictorias y afirmaciones inverosímiles o incompatibles con el orden natural de las cosas, opto por la "duda metódica" como método de conocimiento, en cuanto reconociendo la autoridad de lo dicho por los hombres selectos, no hay que creer todo lo que está escrito en los libros… Y luego a fin de alcanzar un criterio objetivo para juzgar acerca de la verdad de lo dicho y escrito se propuso su comparación en base al examen del "Gran Libro del Mundo y de sí mismo" cuya observación, cuenta, "me ha hecho ver que es posible llegar a conocimientos muy útiles para la vida, y en lugar de aquella filosofía especulativa que se enseña en las escuelas, se puede encontrar una filosofía práctica por la cual, conociendo la fuerza y las acciones del fuego, del agua, del aire, de los astros, de los cielos y de todos los otros cuerpos que nos rodean.., podríamos aprovecharlas para todos los usos para los cuales son propios, y hacernos así dueños y poseedores de la naturaleza; y para la invención de infinidad de artificios que nos permitan disfrutar sin ninguna pena de los frutos de la tierra y de todas las comodidades que en esta se encuentran, así como para la conservación de la salud…"
El conocimiento tanto en tiempo de Descartes como ahora es un conjunto de conclusiones alcanzadas a partir de la observación de los sucesos del mundo y su propósito es concederles satisfactoria explicación, y la tecnología una aplicación práctica de los conocimientos para mejorar la vida de las personas. El gran libro del mundo que espera ser abierto por nosotros se llama sociedad peruana. Su lectura debe llevarnos al conocimiento de nosotros mismos. Ese conocimiento hará posible el desarrollo de una tecnología que asegure el uso racional de nuestros recursos naturales, cuya riqueza es ciertamente desconocida y desaprovechada. Seguramente allí está la verdad que buscamos y en esa verdad el secreto de la reconciliación con nuestros congéneres.

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"... tal vez sea necesario que el homo sapiens -el arcaico creador de la ciencia- urgentemente acometa la empresa de buscar hasta encontrar al homo justus que en él radica, para que se aplique a la invención de la Jurisprudencia y nos diga en qué consisten las leyes de lo justo, y alcancemos a formular algún día algunas afirmaciones que declaren las certezas que iluminen los pensamientos, las palabras, los actos y los hechos justos; y que, descubra la tecnología, métodos y procedimientos que a ello conduzcan. ¡Que bueno sería! Entonces, quedaría en el compasivo y avergonzado recuerdo de los hombres la brutal guerra, el aspaviento de la invasión infame, el secreto de los acuerdos innobles, la cotidiana pelea por la sopa...

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