El error es un resultado indeseable, consecuencia de una idea desacertada, un razonamiento falso, un juicio equivocado, una percepción defectuosa, una acción incorrecta. Al error conduce una disfunción perceptiva, intelectiva o volitiva.
Los hombres inteligentes, entienden el error, reconocen sus causas y sus efectos; alcanzan una idea clara de lo defectuoso de la percepción de los fenómenos, lo falso del concepto o del juicio que los guió o lo desacertado de su proceder. Pueden cambiar de opinión, aclarar el juicio, y modificar la conducta.
Los hombres inteligentes y bondadosos no solamente entienden el error, sino que, adicionalmente, reconocen su culpa y saben del arrepentimiento: Sienten pesar de haber hecho o dejado de hacer lo que debieron. Sufren la pena y aceptan la condena.
Los hombres inteligentes, bondadosos y sabios entienden el error y sus causas y efectos; reconocen su culpa y saben del arrepentimiento; sufren la pena y aceptan la condena, pero además de todo esto, conocen el deber: Asumen la responsabilidad que les cabe por los efectos de error; modifican su propia opinión, enmiendan su proceder, y realizan los actos que son necesarios para salvar sus efectos: Los hombres sabios rectifican.
La virtud del error no radica en su comprensión, ni está en el arrepentimiento. La virtud del error está en la rectificación. La rectificación es la negación del error.
Qué es más importante: ¿Saber qué es lo verdadero o saber qué es lo justo? El homo justus ha de proseguir el camino del homo sapiens. Sabemos demasiado de lo verdadero. Ignoramos demasiado lo que es justo.
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"... tal vez sea necesario que el homo sapiens -el arcaico creador de la ciencia- urgentemente acometa la empresa de buscar hasta encontrar al homo justus que en él radica, para que se aplique a la invención de la Jurisprudencia y nos diga en qué consisten las leyes de lo justo, y alcancemos a formular algún día algunas afirmaciones que declaren las certezas que iluminen los pensamientos, las palabras, los actos y los hechos justos; y que, descubra la tecnología, métodos y procedimientos que a ello conduzcan. ¡Que bueno sería! Entonces, quedaría en el compasivo y avergonzado recuerdo de los hombres la brutal guerra, el aspaviento de la invasión infame, el secreto de los acuerdos innobles, la cotidiana pelea por la sopa...
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